Arte Huichol: la cosmovisión de la creación del Universo

Una de las formas más representativas del arte en México es el logrado por la comunidad Wixárika, o comúnmente conocida como huichola. Muchos historiadores creen que entre los ascendientes de los huicholes figuraban las tribus teochichimecas, sin embargo se desconoce la certeza de su origen pero es ampliamente reconocido que los ancestros de los huicholes mantuvieron una vida independiente de los imperios mesoamericanos. Cuando los españoles invadieron sus territorios, ellos huyeron a la sierra, de difícil acceso, para conservar su autonomía.

Esto les permitió forjar una cultura con tradiciones y una estética muy particular. Sus cuadros de estambre, abalorios, bolsas, objetos de vestir y más han tenido una gran aceptación tanto en el mercado mexicano como en el extranjero. Sin embargo los wixárikas no tienen muchos espacios donde vender sus creaciones, y los intermediarios que compran su obra para revenderla, en ocasiones, ganan mucho más que los productores mismos.

Pese a que no es ningún secreto que los huicholes son un pueblo profundamente religioso, mucha gente ignora que los diseños que plasman y sus colores tienen que ver con deidades y su cosmovisión. Su religión se basa en la relación de tres elementos: el maíz, el venado y el peyote. Una gran parte de su estética está influenciada por las visiones que tienen durante sus rituales con peyote.

Tatewari es la deidad asociada con el fuego y quien les enseñó los ritos y las costumbres religiosas desde tiempos inmemoriales. Dada la importancia de Tatewari, se le representa con el mezquite y el color café rojizo; además el águila real y las guacamayas están relacionadas con él. Tamat’s Kauyumari, quien formó el mundo, está asociado al venado, el coyote, el pino y los torbellinos, mientras que Takutzi Nakahue, la madre del maíz, es representada con el árbol del salate, el armadillo y el oso.

Respecto a la cosmovisión de esta cultura, encontramos muy interesante el documental Eco de la Montaña, donde nos lleva de la mano el artista responsable de uno de los trabajos más bellos que podemos encontrar de esta clase (además de una gran polémica respecto a que el gobierno no le dió el debido crédito sobre su realización). Un retrato del gran artista Wixarika (huichol) Santos de la Torre, quien hasta ahora ha vivido casi en el anonimato de la Sierra Madre Occidental.

Uno de los pocos espacios establecidos (o por lo menos, conocidos) se encuentra en el Andador Chapultepec, en su mayoría los días sábados en la bella ciudad de Guadalajara.

La historia de la vida y del mundo wixarika se encuentra condensada, en gran medida, en los mitos que relatan los procesos de creación de lo que más valoramos: la vida, el sol, el fuego o la labranza. De acuerdo con nuestra mitología, estos procesos de creación no fueron inventados por los hombres: a lo largo de los siglos, los dioses han contado historias, con lujo de detalles, a los mara’akate, y los mara’akate se han encargado de explicarlas a las comunidades y de realizar representaciones, escenificaciones y rituales que reaniman lo que los dioses les cuentan, para que la tradición se mantenga viva en la mente, el corazón, las danzas, los rezos y las palabras de nuestro pueblo. Los mara’akate (conocidos también como chamanes, curanderos o cantadores), a través de sus sueños, sus danzas, su música y sus cantos traspasan las barreras entre el mundo terrenal y el mundo divino, penetran en el mundo de los dioses y establecen vínculos entre lo profano y lo sagrado

El pueblo huichol es uno de los pocos que se han mantenido puros desde antes de la conquista de los españoles. No sólo son una nación pura en sus raíces sino también estrictamente en su espiritualidad y su cosmogonía. Los Huicholes gustan de hacer arreglos, ofrendas, escudos y flechas para narrar la historia de la creación del mundo y del universo, pero también usan estos mensajes para detener el viento, para llamar a la lluvia o al sol o para ejecutar rituales de hechicería. El ritual más puro de los huicholes ocurre sólo en los llamados mitotes, ceremonias religiosas en las que se ejecutan danzas y movimientos mágicos para activar la energía vital, para agitar la vida, o sea el kipuri.

 

Con información de Cultura Colectiva.