Del Lápiz a la Aventura

 

Comenzar siempre es la parte más difícil de cualquier proyecto, no por en sí su complejidad, sino todo lo contrario: encontrar pies y cabeza a algo tan abstracto como una idea nueva.

La metamorfosis que lleva a cabo es pensamiento, esa idea, que se cocina en la cabeza puede ser un proceso doloroso y hasta frustrante si no hacemos que rompa su cascarón antes de que se pudra el huevo. El resultado, en caso de lograrlo, no es menos que maravilloso: significa que uno sabe dar el primer paso y que por lo menos el proyecto no quedó en el limbo de las ideas antes siquiera de ser bautizada. En esta ocasión quiero mencionarte, estimado lector, aquello que me impulsó, entre otras cosas, a comenzar a escribir de nuevo. También, en un próximo post te compartiré algunas herramientas que pueden ayudarte a concretar en específico aquella idea literaria que siempre has querido realizar, aquel cuento o novela que todos tenemos en nuestro interior y que clama por ser contada en alguna ocasión de nuestras vidas, y no simplemente ser una historia entretenida disfrazada de experiencia de vida que tomará vida al buscar darle plática a tus nietos y bisnietos.

De niño, yo solía escribir muchísimo: cuentos, poemas, incluso uno de mis mayores retos en ese entonces era terminar lo que quería llamar mi primera novela. El reconocimiento en mis dotes literarias era una idea muy emocionante para mí. Llegó un momento en que mis escritos fueron transmitidos en programas de radio y culturales e inclusive, fueron también impresos en algún periódico local. Llego ahora a una edad adulta y me pregunto: ¿qué fue lo que pasó?

Muy sencillo: me autocensuré. ¡Ah! El enemigo más grande entre todos los demonios de la creatividad. Siendo un niño, sólo bastó un par de críticas no favorables para abandonar tal sueño y convertirme en un ser humano más que se dedicara al estudio, la escuela y las obligaciones pertinentes a alguien en un mundo como el mío. Incluso, quienes conocieron algunos trabajos míos de aquella época, me han preguntado invariablemente lo mismo, y solamente había respondido con una mueca de indiferencia ante el asunto.

Fue, hasta hace algunos meses, en que tuve la oportunidad de ver la película “La increíble vida de Walter Mitty” (The Secret Life of Walter Mitty, 2013, remake muy digerible de la historia publicada en 1939). Obviamente, adaptada a nuestros días, muestra la vida de un treintañero absorto en la rutina de cualquier Godínez: un empleo con un jefe insoportable, dedicación a su profesión, la familia que no entiende las necesidades más básicas y emocionales del protagonista, finanzas preocupantes y sobre todo, el clásico personaje tímido que no se atreve a cruzar palabra con quien al final, será el amor de su vida. Era, más que notable, la fórmula más descarada y sencilla de atrapar la audiencia burocrática que espera la quincena para salir al cine o tomar una cerveza con los amigos. Pero volvamos a lo importante: la mayor característica de Walter Mitty, sin lugar a dudas, era que se transportaba a través de sus fantasías a las situaciones de lo más increíbles y menos oportunas. ¿Cuántas veces no hemos soñado despiertos? Yo siempre, y no creo ser el único. El nudo de esta historia, es entonces, el momento en que el protagonista decide convertir sus fantasías en algo más tangible.

¿Es esto ya una frase demasiado romántica y salida de un libro de autoayuda de Charlos Cotémoc Sánchez? Tal vez, pero no es tan descabellada, lo único que se necesita es saber por dónde empezar.

Vamos poniendo un ejemplo sencillo para empezar a escribir aquella historia que explotará de tu pecho si no la liberas o por lo menos le das un pequeño pase de salida:

  1. Fulanito (el protagonista) llega a un país extranjero, del cual no sabe absolutamente nada, por razones familiares tuvo que mudarse a la única propiedad de la familia y por lo tanto, la única salvación económica del mismo.
  2. Fulanito, después de muchos intentos frustrados para conseguir un empleo decente, se topa con una oportunidad de trabajo inusual para el ambiente: ser actor en una obra teatral cuando él nunca ha actuado ni al finir interés en la venta de puerta en puerta, con lo cual se ve envuelto en situaciones demasiado interesantes para ser algo normal. Conoce a todas aquellas personas que le ayudan o le complican el camino, siempre encaminándolo hacia una meta de superación o ayuda a los demás.
  3. Por una confusión en el guión, es protagonista de un lío de gran envergadura, con lo cual se crea el conflicto mayor de la historia. Los actores se enojan, el director enloquece a más no poder y lo único por lo que están preocupados es por la crítica sobre la obra. Aquí es donde toma un giro inesperado y la crítica aclama el nuevo estilo de la historia, por lo cual deciden darle otros rumbos al guión.
  4. Menganito, el protagonista anterior de la obra es desplazado por el afortunado novato, con lo cual se crean conflictos creativos y comienza a hacerle la vida imposible. Fulanito, aun así se lleva los aplausos y convierte la obra en un éxito rotundo.
  5. Acaba la temporada y comienza una nueva con una obra diferente, en la cual ambos actores son antagonistas uno del otro.
  6. Durante los ensayos, se complican las actitudes de ambos, y durante el estreno, tal como sucede con el guión en la ficción de la obra, los protagonistas resuelven sus conflictos y realizan catarsis emocional en pleno acto teatral, para sorpresa de todo el equipo, quien pensaba que el estreno sería un desastre a causa de todos sus problemas personales.

¿Sencillo, no? Claro, estamos de acuerdo que no es una historia demasiado complicada e incluso predecible, pero es solamente un ejemplo. Ahora que tenemos la idea principal, vamos a dividirla en tres partes principales: Introducción, Desarrollo y Desenlace. En mi caso, para convertir estos seis párrafos en una historia más detallada y evolucionada, solamente se necesitan tres simples cosas:

  1. Constancia y autocompromiso.
  2. Evitar las distracciones al momento de escribir.
  3. Más constancia y autocompromiso.

¿Quién dijo que tenías que ser escritor para escribir de manera profesional? La realidad es que la primera persona para la que escribes es para ti. Claro está, que cierto entrenamiento es de ayuda valiosísima, no puedes comenzar sin tener alguna idea clara sobre qué es lo que quieres escribir. Pero esta es tu aventura, el comienzo y el final lo determinas tú. No hace falta algo más que un editor de texto para comenzar, no hay excusa. Pero vamos con algo sencillo: ¿Qué otro final le darías a la historia que te acabo de plantear? Las posibilidades son infinitas. Así que, este momento, en el cual tú, lector, estás leyendo esta entrada de blog, es ideal para comenzar tu historia, sácala de tu mente y haz que viva en una hoja de papel, en un archivo de Word, en una entrada de blog. Recuerda, estimado lector, que tú eres Walter Mitty -sí, un poco patético 🙂 – pero que tienes lo más importante para volver todo eso realidad: la conciencia de un ser que piensa, y por lo tanto, crea. En la próxima entrada te compartiré algunas herramientas que puedes utilizar para empezar a realizar tu escrito (no, no voy a recomendarte Word).

¡Suerte!