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Los monstruos más terroríficos del folklore mexicano que quizás no conocías

México es un país rico en cultura, historia y tradiciones. Su folklore está lleno de leyendas, mitos y cuentos que reflejan la diversidad y la creatividad de su pueblo. Entre estas historias, destacan las que hablan de seres sobrenaturales, fantásticos y terroríficos, que han formado parte del imaginario colectivo de generaciones de mexicanos.

Seguramente, ya has oído hablar de algunos de los monstruos más famosos del folklore mexicano, como el chaneque, la llorona, el ahuizotl, el nahual, la tunda, la lechuza, el cadejo o el hombre lobo. Pero, ¿sabías que hay muchos más? En este artículo, te presentamos algunos de los monstruos más representativos del folklore mexicano que quizás no conocías, y que te harán temblar de miedo.

El Cucuy

El Cucuy es una especie de duende o demonio que se esconde en los rincones oscuros de las casas, y que sale por las noches para asustar y castigar a los niños que se portan mal. Su aspecto es variable, pero se dice que tiene ojos rojos, garras afiladas y una voz chillona. Su nombre proviene del latín «cocu», que significa «cuco», un ave que pone sus huevos en los nidos ajenos. El Cucuy es una figura muy usada por los padres para asustar a sus hijos y hacer que se duerman pronto, diciéndoles: «¡Duérmete, que viene el Cucuy!»

La Siguanaba

La Siguanaba es una mujer de gran belleza, que seduce a los hombres infieles y los lleva a lugares solitarios, donde les muestra su verdadero rostro: el de una calavera con ojos de fuego. Luego, los mata o los vuelve locos. Su nombre significa «mujer sin rostro» o «mujer horrible». Se dice que es el espíritu de una mujer que engañó a su esposo con un dios, y que fue castigada por este, convirtiéndola en un monstruo. La Siguanaba suele aparecerse en los ríos, las lagunas o las fuentes, peinándose el cabello con un peine de oro.

El Charro Negro

El Charro Negro es un jinete vestido de negro, que monta un caballo del mismo color, y que lleva un sombrero de ala ancha y una capa que le cubre el rostro. Se dice que es el alma en pena de un hacendado malvado, que vendió su alma al diablo a cambio de riquezas, y que ahora vaga por el mundo buscando a quien engañar. El Charro Negro se acerca a las personas que viajan solas por los caminos, y les ofrece dinero, joyas o favores, a cambio de que le firmen un contrato con su sangre. Si la persona acepta, queda condenada a perder su alma y a acompañar al Charro Negro por la eternidad.

El Sombrerón

El Sombrerón es un hombre pequeño y delgado, que viste de negro y lleva un sombrero enorme que le tapa la cara. También lleva una guitarra, con la que toca canciones que embrujan a las mujeres. Su nombre significa «el hombre del sombrero grande». El Sombrerón se enamora de las mujeres jóvenes y bonitas, especialmente de las que tienen el cabello largo y negro. Les hace regalos, les canta serenatas y les hace trenzas en el pelo. Pero también les impide comer, dormir y salir de sus casas, hasta que se vuelven enfermas y débiles. El Sombrerón es muy celoso, y no tolera que nadie se acerque a sus enamoradas.

La Cegua

La Cegua es una mujer que se transforma en un monstruo con cabeza de caballo, ojos de fuego y dientes de metal. Su nombre significa «la ciega». La Cegua se aparece a los hombres que viajan de noche por los caminos, y les pide que la lleven en sus caballos. Si el hombre acepta, la Cegua se vuelve más pesada que una roca, y le muestra su horrible rostro, haciendo que el caballo se desboque y se estrelle contra un árbol o un barranco. Si el hombre se niega, la Cegua lo persigue y lo ataca con sus dientes y sus uñas, hasta matarlo o dejarlo ciego.

Estos son solo algunos de los monstruos más representativos del folklore mexicano, pero hay muchos más. Cada región, cada pueblo y cada comunidad tiene sus propias leyendas, que forman parte de su identidad y de su patrimonio cultural. Te invitamos a que conozcas más sobre estas historias, y que las compartas con tus amigos y familiares. Así, podrás disfrutar de la riqueza y la diversidad de la cultura mexicana, y al mismo tiempo, preservarla para las futuras generaciones.

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